
Ha pasado más de un mes y medio desde que la vida de Marta Martínez Julio se sumió en la incertidumbre. Su nieta, Kimberly Saray Camacho Churio, una joven de tan solo 15 años, desapareció tras una discusión familiar, dejando a su paso un rastro de mensajes de texto que, lejos de dar tranquilidad, aumentan la sospecha y el temor de sus allegados.
Una huida inesperada
Los hechos se desencadenaron en el lugar de trabajo de la señora Marta, un puesto de venta de chicharrones ubicado en el sector del “Pobre Mono” en Apartadó. Según el relato de la abuela, tras un fuerte llamado de atención por parte de ella, la menor decidió marcharse.
“Ella estaba ahí sentada y de repente me dijo que se iba antes de que yo le pegara. Pensé que iría a la casa, pero cuando la llamé para que me ayudara a cerrar el puesto, me dijo que ya se había ido de la casa”, explicó Martínez con evidente angustia.
Lo que inicialmente parecía un acto de rebeldía adolescente escaló rápidamente. La joven fue retenida inicialmente por una profesora en su colegio y entregada al Bienestar Familiar, donde fue trasladada a una casa de paso en Necoclí. Sin embargo, Kimberly logró fugarse de dicho centro, y desde entonces se desconoce su paradero físico.
Contactos bajo sospecha
A pesar de la desaparición, la señora Marta asegura que mantiene comunicación vía WhatsApp con alguien que afirma ser su nieta. No obstante, la duda persiste: la persona al otro lado del teléfono se niega a enviar fotos, videos o audios.
“Ella solo me escribe por letra. Le pido que me hable o me mande una foto para verla y no quiere. Yo no sé si es ella quien me escribe”, confiesa la abuela. En los mensajes, la joven asegura no estar con “gente mala”, pero se niega a revelar su ubicación o la identidad de quienes la acompañan.
Una vida de sacrificio
Doña Marta, reconocida en la comunidad como una mujer trabajadora que durante años vendió almuerzos y ahora chicharrones, relató que ha criado a Kimberly desde que era una bebé “sietemesina”. Incluso vendió su casa en Venezuela para regresar a Colombia y brindarle un mejor futuro a la menor, ante la ausencia de sus padres biológicos.
“Yo he dado el todo por el todo por ella. Nunca me ha visto con un hombre al lado, ni fumando, ni bebiendo. Lo único que quería era que estudiara y fuera alguien en la vida”, señaló.
Un mensaje directo
En un último intento por recuperar la paz, Marta Martínez envió un mensaje público a su nieta, dejando claro que, aunque respete sus decisiones personales, la ley y la seguridad de la menor son su prioridad:
“Si tiene su pareja, yo se lo respeto, pero tengo que saber quién es y conocer a esa familia. Una familia buena no retiene a una menor de edad en su casa; eso no se hace”.
Las autoridades y la familia hacen un llamado a la comunidad para brindar cualquier información que permita establecer el paradero real de Kimberly Saray y verificar sus condiciones de vida actuales.



